La Ribagorza ofrece en su parte pirenaica una de las zonas más salvajes y atractivas de las montañas aragonesas. Pero el paisaje se transforma conforme el viajero avanza hacia el sur, cuando los encinares y robledales dan lugar a los álamos y sauces de las orillas de los ríos. En la parte más oriental, el regadío transforma el paisaje, con la presencia de balsas y lagunas.
- Macizo la Maladeta
El entorno natural de los picos de Posets y Madaleta es una de las zonas más pintorescas de la zona, que el viajero no puede dejar de visitar. El mejor recorrido consiste en seguir el curso del Ésera por el valel de Benasque y atravesar así los bosques de pinares, las praderas y los congostos de piedra, hasta llegar a las cumbres más imponentes.

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Cuaderno de campo |
Las bellas balsas de Estaña
Resulta un paraje de ensueño para los ornitólogos que quieran disfrutar de la presencia de las aves. Rodeadas de carrizales, las balsas de Estaña, muy cerca de Benabarre, son el refugio de especies como el escribano palustre, que elige Aragón como lugar para pasar el invierno.
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- Río Noguera Ribagorzana
Este río ha sido frontera natural entre Aragón y Cataluña desde la organización de los reinos en época medieval. Un paseo por sus riberas permite contemplar los fresnos, álamos, sauces y, sobre todo, las imponentes y vetustas nogueras, que dan nombre al río. Los cauces trnascurren por conjuntos tan evocadores como el Aneto, Bono, Montanuy, Santoréns o Arén.
- Embalse de Barasona
Este embalse, que entró en funcionamiento en 1932, es la pieza que suministra agua al canal de Aragón y Cataluña. Su entorno permite visitar históricas poblaciones, como Graus, patria del pensador Joaquín Costa, o La Puebla de Castro, situado en al cima de la colina.
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