Juan Pablo Caffa descansa al finalizar una entrenamiento del Real Zaragoza..
ELENA MUÑOZ
Caffa: "No me considero un futbolista revulsivo"
Es el 'hombre nº 12' del Zaragoza. Su modo de agitar los partidos saliendo desde el banco ha extendido la idea sobre su función revolucionaria. Pero el argentino renuncia, prefiere apuntar al once.
CHEMA R. BRAVO. Zaragoza
El guión se repitió frente al Nástic de Tarragona. Partido bajo las tinieblas, entra Caffa, y el campo se inclina hacia la portería rival…
Ya, pero no solo mejoramos con mi salida, el equipo venía jugando bien desde hacía unos minutos. Yo me dediqué a aprovechar el espacio que me dejaron en la banda para centrar alguna vez y llegar al arco. Pero en realidad todo el equipo participó en la mejora.
Se ha generalizado la idea de que usted gana peso saliendo desde el banquillo. Y que ese estímulo lo agradece el equipo. ¿Comparte esa impresión?
No. Contra el Castellón, por ejemplo, sí comencé algo dubitativo, pero en la segunda mitad estuve menos discreto. No creo que sea un futbolista revulsivo. Dudo que existan jugadores de un rato porque todos queremos participar los noventa minutos. Hay a veces que te toca salir desde el banquillo y haces un buen papel; hay unas que sales de titular y haces una buenas primera parte; y hay otras que no. Son circunstancias, pero no soy un jugador revulsivo.
Quizá Marcelino le reserve como una opción para desbloquear los partidos basándose en sus virtudes como hombre de banda puro: profundidad, desequilibrio y llegada a gol.
No lo sé, pero no pienso que me reserve. Él tendrá sus motivos y los respeto. Yo estoy contento de todos modos, no por estar en el banco, sino por los minutos que me tocan. En ocasiones, me usa para abrir el campo y otras, no; depende de las circunstancias y el rival. Él se fija mucho en ellos, y a veces me pide que ensanche el campo y conecte con los delanteros jugando el uno contra uno, como ocurrió contra el Nástic: estaban muy cerrados y era necesario abrir la cancha. Dio resultado, pero la pelota no entró. Mala suerte.
¿Le preocupa encasillarse como un futbolista de 30 minutos?
No, de verdad, porque no lo soy. Desde el banco, he salido en ocasiones puntuales. Coincidió mi entrada con que cambiaron un poco los partidos y con tres buenas jugadas mías, y ya se habla de mí como un revulsivo.
¿A qué se debe pues su irregularidad cuando forma como titular? ¿Qué le falta?
Quizá algo más de confianza en mí mismo y algo más de concentración desde el minuto cero. Mi mejor versión, la que quiere triunfar en el Zaragoza, es la que se vio en Tarragona, desbordar y sacar centros, progresar y jugar minutos continuadamente. Esa es la línea que debo seguir; y, si es posible los noventa minutos, los noventa minutos. Yo, insito, vine aquí para jugar desde el inicio, no para ser un revulsivo.
¿Está satisfecho con su aporte hasta el momento?
Sí, me siento feliz en el Zaragoza. He jugado en diez partidos, y estoy jacumulando minutos. Ahora solo falta que el equipo se lance para arriba y ya no nos movamos de allí.
¿Con usted, Jorge López y Arizmendi como habituales para dos puestos, es más complicado asentarse en los extremos?
No es fácil hacerlo en ninguno de los sectores del campo. Como ocurre con todos los jugadores, mi objetivo es consolidarme en el once, aunque aquí hay jugadores de gran nivel.
Durante los últimos partidos, se ha alternado en el once con Arizmendi. Marcelino ha fomentado ahí uno de los focos competitivos más equilibrados de grupo…
La competencia siempre es buena. En este equipo no puedes relajarte ni un minuto: cuando trabajas bien, te llega la oportunidad; pero cuando te duermes, te sales fuera. A mí me tocó jugar dos partidos de inicio recientemente, caí del once frente al Nástic, entré y lo hice bien. Es bueno que Marcelino nos mantenga expectantes.
El equipo ha fortalecido la defensa al tiempo que el ataque ha perdido calorías. ¿Por qué este giro?
Esto son rachas. Con los delanteros que tenemos podemos estar tranquilos. Tarde o temprano marcarán. Y cuando metan uno, llegará un montón de golpe. A mí esto no me preocupa. Y no creo que sea un problema de producción ofensiva. Movemos bien y llegamos, pero nos falta la puntería final.
Ha marcado un gol de falta, pero los entrenamientos le revelan como un delicado experto en el golpeo. ¿Dónde aprendió a lanzarlas?
De chico, en un patio grande que tengo en casa. Con tres años, mi abuelo me construyó un arco y allí pateaba y pateaba. Así agarré las ganas. Me gusta intentarlo, pero en el Zaragoza solo para las de la izquierda, ¿eh?, para las de la derecha ya hay buenos lanzadores, así que hay que respetarles el lado (risas).
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