La prisión espera a Mikel Garikoitz Aspiazu Rubina, conocido como Txeroki, tras su captura por la Gendarmería francesa. La caída del sangriento etarra confirma que la vía de terror y destrucción de la banda solo tiene una salida: la de pagar en la cárcel los delitos cometidos. Txeroki se unirá a la lista de 600 etarras en prisión gracias a la cooperación hispano-francesa, que habrá de seguir dando buenos frutos y que confirma cuál es la estrategia válida contra el terror.
HUIDO desde 2002 e intensamente buscado desde que unos detenidos del comando Nafarroa declararan a la Policía que se atribuye el asesinato a sangre fría de dos guardias civiles en Francia, Txeroki ha dirigido la escalada de terror emprendida por la banda desde el atentado de Barajas, en diciembre de 2006, que significó la ruptura de la tregua. Lo más importante, ahora, es la alentadora constatación de que no cesa la actuación combinada de los instrumentos que el Estado de derecho tiene para luchar contra ETA. La cooperación internacional, plasmada en la estrecha colaboración con Francia, ha dado como resultado que el sur francés, perdida hace años su vergonzosa consideración de 'santuario' para los asesinos, es hoy lugar inseguro para ellos. Dejando el tiempo justo para las legítimas celebraciones por el éxito policial que llevará ante la Justicia al buscado Txeroki, en las gendarmerías galas ya cuelga el cartel con la foto de su sucesor. El etarra Iriondo, considerado más duro que 'Txeroki' y juzgado en rebeldía en Francia en dos ocasiones, figura entre los seis más buscados por la Policía y la Guardia Civil; sus fotos fueron colocadas por primera vez el pasado marzo en las paredes de comisarías, gendarmerías y locales de aduanas y aeropuertos de Francia. Su búsqueda se intensificará ahora, si cabe. Si cada detención es importante, el golpe asestado a la banda con la detención de Txeroki lo es especialmente. Además de desbaratar sus planes de muerte, cada etarra detenido, juzgado y enviado a prisión -en estos momentos hay 600 terroristas entre rejas- recuerda a quienes siguen obstinados en su delirio asesino que al final de la escapada les espera el banquillo de los acusados. Para los ciudadanos españoles, que tantas lágrimas han vertido por causa de ETA, ver a los verdugos de inocentes respondiendo ante la Justicia es un estímulo para perseverar en el camino de valentía y legalidad elegido para resistir, sin doblegarse, a un terror que camina inexorablemente hacia su fin